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jueves, noviembre 13, 2008

Muerte e incongruencia Miguel Granados Chapa

Plaza Pública
Muerte e incongruencia
Miguel Granados Chapa

Aunque desde una perspectiva estrictamente humana no hay rangos en
las vidas segadas por la tragedia del martes pasado, las ocupaciones actuales y
pasadas de Juan Camilo Mouriño y José Luis Santiago Vasconcelos hacen que su
muerte sea destacable por sobre las demás. En su mensaje luctuoso del propio
martes el presidente Calderón se refirió sólo a su amigo y colaborador y omitió
más referencia al ex subprocurador, a quien sólo mencionó por su nombre en la
lista de quienes viajaban en el avión. Si la omisión fue involuntaria,
producida por el pesar personalísimo de quien padece una pérdida que lo toca en
el centro de sus emociones e intereses, pudo haber sido remediada incluyendo a
Santiago Vasconcelos como destinatario sobresaliente en el homenaje rendido
ayer al secretario de Gobernación, merecedor de algo más que la referencia
circunstancial que lo igualó con el resto de los caídos.Ya que no fue así,
queda pensar que se trató de un olvido deliberado, de una suerte de exorcismo
primitivo, pueril se diría, para evitar que la valoración de las tareas del
perseguidor de la delincuencia organizada convocara la imagen de ese poderoso
enemigo y suscitara de inmediato la de un atentado que el gobierno está
tratando de alejar con información más insistente que abundante. (Por cierto
que el informador escogido, el secretario Luis Téllez, no sólo carece de
autoridad técnica y jurídica, sino que su condición de comunicador también es
deficiente: ¡mire que decir que en medio de la tragedia es una buena noticia el
hallazgo de la caja negra que permitirá investigar el grave suceso! Por supuesto
que localizar ese aditamento es útil, pero no requiere ser calificado de buena
noticia en el sentido de que en algo alivie el dolor de los deudos de las
personas fallecidas).El funeral de los funcionarios muertos ahondó la
diferencia establecida por Calderón en su discurso. Las familias de quienes
trabajaban en Gobernación recibieron la visita presidencial, pues el velorio se
efectuó en un solo lugar. El presidente, en cambio, se abstuvo de llegar al
Velatorio Militar donde reposaron los restos del funcionario que desde el
Ministerio Público Federal fue un enlace confiable con las fuerzas armadas. De
eso se ufanaba Santiago Vasconcelos y así lo confirmó el alto mando castrense
al alojar el velorio en un espacio reservado a miembros del Ejército y sus
familiares.Santiago Vasconcelos trabajó en la Procuraduría General de la
República durante década y media, por lo que fue testigo y protagonista de los
esfuerzos iniciales por configurar institucionalmente la noción de delincuencia
organizada. Fue el segundo de Samuel González, pionero en la gestación de
herramientas legales y administrativas en ese terreno, y luego con diversos
grados de responsabilidad quedó a la cabeza de esa parcela de trabajo en la
PGR, hasta llegar a ser subprocurador de la materia en la administración del
presidente Fox. En el relevo de 2006 conservó el rango pero se le
responsabilizó de los asuntos jurídicos e internacionales. El hecho central de
su desempeño en esa Subprocuraduría fueron las extradiciones de delincuentes de
variada importancia a los Estados Unidos. En esa tarea se confirmó otro de los
timbres de orgullo del subprocurador: ser el canal idóneo para la comunicación
con el gobierno de EE.UU. Un mensaje del embajador Antonio Garza y la presencia
de la DEA en el velorio ratificaron esa condición.Como cabeza de la Siedo,
Santiago Vasconcelos logró los aciertos que son de esperar en quien realiza con
atingencia sus funciones. Pero también incurrió en errores cuya difusión pública
se magnificó en la misma medida en que él notificaba con gran aparato y las
presentaba como victorias definitivas contra la delincuencia, acciones que a la
postre no eran validadas por la autoridad judicial. Más de una vez entró por
ello en pugna con jueces y magistrados que no procesaban a detenidos por la
Siedo por deficiencias graves en la configuración de los expedientes de
acusación.Como quiera que sea, el subprocurador quedó en la mira de bandas
delincuenciales que lo amenazaron de muerte y al menos una vez intentaron
consumar sus amagos. Debido a ello, en su entorno se reprochó al gobierno
haberlo hecho dimitir, dejándolo desguarnecido frente al riesgo de la inquina
criminal. En tímido intento de remediar ese desliz se le atribuyó una función
de carácter pasajero y sustancia indefinida, la Secretaría Técnica para la
Implementación de la Reforma de Justicia Penal. Desde esa incómoda posición se
sintió maltratado hace dos semanas cuando se anunció la detención de personal
de alto nivel de la Subprocuraduría que estuvo a su cargo y se asoció con la
delincuencia organizada. Deseaba que se subrayara que los hechos denunciados no
ocurrieron durante su periodo como subprocurador.Recordar que Santiago
Vasconcelos fue amenazado por la delincuencia organizada no significa sugerir
siquiera que sus amenazas se consumaron atentando contra el avión en que viajó
con el secretario de Gobernación. Pretender ignorarlo es cerrar los ojos a la
realidad y anuncia la realización de una pesquisa incompleta, que no puede
limitarse a comprobar que se trató de un accidente. Una indagación sobre la
muerte de funcionarios con altos niveles de responsabilidad no puede dejar de
incluir la posibilidad de un accidente provocado.— México,

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